Una vida con caballos. Raymond Withages
01/04/2009
Raymond Withages, alto, con hechuras de jinete, “la óptima” como el mismo bien dice, las piernas largas, el tronco fuerte, una espalda efectiva. Decisión, ambición y una inquietud para aprender insuperable, este es el entrenador de origen belga y marido de la juez internacional Mariette Withages.
Todos hemos oído de ella quizás no tantos lo conocemos a él. El refrán popular “tras una gran mujer siempre hay un gran hombre”, no va desencaminado para ellos dos. Tranquilo y satisfecho vive hoy retirado en su casa en Schoten, en las afueras de Amberes. Quizás habrán oído sonar el pueblo de Schoten, donde, se celebraba una de las grandes y simpáticas competiciones internacionales año tras año en tierras de Flandes. Raymond preparó muchos jinetes y amazonas hasta Gran Premio, acudían a él con los caballos más corrientes, pero eso no le importaba, caballo bueno, normal, o flemático, se ponía lo que había. Raymond Withages es de la convicción que todo caballo te dará algo, todo caballo puede ser llevado a realizar una reprise digna. Withages lo dice, lo que muchos piensan y que quizás nadie quiere oír, porque no es muy popular, ni políticamente correcto: hay demasiados caballos extraordinarios con jinetes mediocres encima. El se permite hoy día llamar a las cosas por su nombre. Como se lo dijo un día George Teodorescu en “petit comité”, ningún jinete puede soltar las riendas - ¡ninguno!
Raymond Withages, tiene una mirada fija, decidida, sincera, se emociona cuando habla de lo bueno, de los buenos maestros que tuvo en su vida. El es duro con el error fácil, el desconocimiento, no tiene perdón para quien no aprende. Su propia inquietud fue grande. Cuando aprendía y descubría algo no podía dormir por la noche de la emoción, de los nervios de haber avanzado. Rallando la obsesión, lo comprendemos los que vivimos los caballos de verdad.
Raymond Withages, comenzó a montar en Bélgica, cerca de Amberes su ciudad natal. Los caballos le fascinaban desde muy joven. Caballos unían la libertad y la disciplina en la que se educó en un colegio interno, con una disciplina férrea que sufrió en su momento, años después lo agradeció, le preparó para lo que iba a venír. Para la vida y para los caballos, porque sin disciplina no se consigue nada con los caballos.
Tomar asiento
Cuando Raymond se pudo escapar una vez a la semana para montar en una hípica, de entonces de las mejores en la zona solían salir al campo. Pero un día su primer profesor le vio salir y paró la tanda y llamó a Raymond que se quedara en el picadero. Comenzó a darle clase de cuerda, Raymond no sabía entonces que esto iba a ser el inicio del viaje de su vida con los caballos. Con él aprendió lo que más importa: “tomar asiento” en el caballo. A Withages no le agrada el término “asiento”, le parece confundir. “Tomamos asiento” en los caballos, nos explica, nos sentamos en los ísquiones, nos debemos sentar como en las bicicletas sobre los huesos que forman la entrepierna. Nos sentamos abierto de piernas, sin apretar, en perfecto equilibrio, sin apretar los muslos, ni la rodilla, ni la pantorrilla, sin sujetarnos con las manos en las riendas. El tronco tiene que estar erguido, formando una vertical encima del caballo, no más atrás, ni más hacía delante, pero sobre todo no hacía atrás – como es tan frecuente ver hoy en los cuadrilongos, donde la gente no tiene control sobre su cuerpo. El inicio de su aprendizaje y primera experiencia con los caballos le hizo querer más y decidirse por una vida dedicado a los equidos.
Su profesor le ayudaba, el venía a trabajar y le daba clase, pronto su aprendizaje se fue profundizando, pese a que los demás le criticaban y no entendían lo que hacía porque no salía al campo, él se quedaba en el picadero aprendiendo y trabajando con su profesor. Raymond vio y conoció con él a Freddy Knie. Y un buen día surgió la posibilidad de ir a California para trabajar ahí con los domadores circenses que preparaban los caballos para las películas del Oeste. Uno de los sueños de Raymond durante su infancia habían sido los Cowboys, lo que hacían con sus caballos. Ahí en California le toco aprender de todo, como enseñar a los caballos a sentarse, a echarse, a ponerse de mano. Como manejar el lazo (rope), Raymond puede manejar el lazo al estilo más conseguido de John Wayne, te quitará el cigarrillo de la mano con el lazo. Ahí en California el joven Withages tuvo la oportunidad de empaparse con los mejores del mundo circense y de la doma natural.
Viena
De vuelta a Europa el siguiente destino iba a ser la escuela de Viena. El es uno de los pocos jinetes – entrenadores que pueden decir con orgullo llevar el título del “Zivilreiter” (jinete civil) de la Wiener Hofreitschule (Escuela de Viena). Ni entonces, ni hoy se entraba fácilmente en la escuela, la amistad de su profesor con el mismo Podhadsky ayudó a Withages a acudir a hacer el examen de admisión que duró una semana para entrar en este sacral templo de la equitación clásica como alumno. Su recuerdo de la semana interminable está vivo aún, aquello eran esquinas y esquinas y montar por la esquina una y otra vez. La línea del centro, la parada, el paso a tras, los emblemas del control en el buen sentido sobre el caballo. Y de nuevo se encontró ahí con la disciplina, una disciplina sin perdón. Se cumplía con las tareas, al final uno se bajaba del caballo y se le daba la mano al jinete instructor, agradeciendo la clase que le había dado. Las esquinas, se le hicieron eternas, pero también inolvidables, quienes hoy día saben montar una esquina, preparar su caballo en la esquina, que al fin y al cabo es el cuarto de la vuelta, son la rara excepción. Lo que constata muy a su pesar cuando acompaña alguna vez a Mariette a alguna competición son caballos rígidos faltos de incurvación y soltura. Volviendo a Viena, le aceptaron, Podhadsky le llamó para darle personalmente la buena noticia, que había sido aceptado. Para Withages fue una experiencia inolvidable aquel marco, aquella disciplina, aquel dominio, la perfección. En total un año pudo estar y aprender con ellos, riendas largas, los aires sobre el suelo y montar con precisión los ejercicios. Ellos eran unos de los guardianes de la escuela clásica de doma. Su filosofía se remonta a La Guerniere, todo esta ahí. Withages, estudió los antiguos documentos, su biblioteca es amplia. Los gravados en las paredes también muestran lo que sabían los antiguos maestros. Viena le dejó mella, hasta el día de hoy el matrimonio Withages les une gran amistad con el actual Director técnico (Oberbereiter) Bachinger a quien ha aconsejado en ocasiones. Una particularidad se me quedo grabada, “el caballo elevado, delante de la vertical, nunca los montan abajo, enroscado jamás, les mantienen arriba, en equilibrio” repite Raymond Withages una y otra vez.
Los maestros
A Viena le seguían varias estancias en las casas de los grandes jinetes y entrenadores del siglo pasado, Bubi Günther, Willi Schultheiss, Tempelmann, Teodorescu, Boldt, Franz Kuckuck y General Niemack de la Caballería de Hannover. Todos ellos “clásicos”, les dejaban el tiempo a los caballos y el aprendió con ellos que el tiempo hacía la diferencia. No hay dinero para comprar una preparación apresurada, no hay precio para un caballo bien educado para que un jinete inexperimentado pueda sentir y empaparse de sensaciones correctas. ¿Quíen destacaba para él entre todos ellos?. Raymond se queda en silencio, pensativo un tiempo, Franz Kuckuck, General de la caballería alemana de Hannover influyó más en él. Kuckuck, como todos ellos tenían disciplina militar, sin la cual nada funciona, Withages se sentía más cerca de él. El artisteo no impresionaba a ninguno de los dos. Y Withages se pudo quedar, ellos le querían porque sabía tratar a los caballos. Se quedó en Warendorf, montando los jóvenes sementales durante un tiempo.
El ritmo
Raymond Withages lo poseía y sin ello no funciona nada, la sensibilidad para el ritmo, la clave de la equitación para Raymond. Si no puedes sentir cuando dar la ayuda olvídalo. El lo aprendió en Viena y con su primer profesor, con ojos cerrados a la cuerda le hacían sentir lo que había debajo. Esto es lo esencial que transmite a sus alumnos, uno – dos – tres – es la clave de la equitación. En Viena se lo habían enseñado a él, cuenta hasta tres y sal a galope, sal a trote, pide un cambio. Uno – dos – tres y así sale la pirueta, cuenta y darás con el momento de dar la ayuda. Es imprescindible, no hay que dar la ayuda sin reflexión, sin haber hallado el momento. Si el momento es correcto ningún caballo se opone. Todos obedecen. Si el momento es equivocado comienza el problema.
Sus caballos son fáciles delante en el contacto, sin caer en demasiada “legerité”. El caballo tiene que estar fijado en el cuello desde la cruz. Esto es uno de los puntos clave de la equitación para Withages.
El buen piafé
Hoy día Raymond esta bastante decepcionado con la equitación que se ve muchas veces en las competiciones, porque nadie es capaz de coger la línea central y montar recto hacía delante, con el caballo recto en si. Porque no vemos una parada e inmovilidad, ningún binomio para como es pedido. No vemos los piafés claramente uphill. En la pared de su salón, delante de la chimenea, tras él, cuelga un cuadro grande. Puedo observar el dibujo a carbón de un caballo en un perfecto piafé, claramente hacía arriba, atrás remetidos los posteriores. No sin orgullo explica que el jinete del dibujo es él, y que se hizo del último caballo de competición de su mujer. Withages cuenta que demasiadas veces ve las manos de los caballos en el piafé moviéndose hacía atrás, demasiado debajo de la masa, posteriores y corvejones salen hacia a tras, el dorso del caballo no carga, el movimiento no es correcto. La cruz el punto más alto y la grupa descendida. El piafé siempre debe ser ejecutado en un ligero movimiento hacía delante. Hacia delante se acortan los trancos, poco a poco, nunca comenzando con las riendas, desde delante hacía detrás, sino desde atrás hacía delante.
Misionarios de la Doma Clásica
Withages ha viajado mucho en los últimos años. A Indonesia, a Brazil, a Moscu, a Japón junto con su mujer llevan la filosofía de la Doma Clásica a los lugares más insólitos de este mundo. Viendo la habitación de los trofeos – viendo los pocales suyos y de sus alumnos, la impresión se confirma Raymond es un misionario del sistema clásico. El lo estudió y lo predica por el mundo. La Doma Clásica debería crecer respecto a sus aficionados y practicantes, se querían más participantes, ellos tanto Mariette como él lo tomaron a pie de la letra y se dedicaron desde siempre a ayudar a que los países menos aventajados, por la falta de cultura ecuestre, por la falta de caballos de calidad o por situaciones económicas también pudieran avanzar. Sus seminarios en Moscu, Johannesburgo, Florida, Brazíl dieron frutos, Dr.Cesar Parra, Minako Furuoka, la única juez japonesa en las Olimpiadas pasadas. Donde Withages detalla haber tenido dos alumnas, no sin cierto orgullo, Mariette y Minako entre los jueces.
Sin duda lo que hace la diferencia en Raymond es su capacidad de decisión y su voluntad. El explica que de vez en cuando viene un caballo lusitano a su establo, es de un buen amigo, él lo entrena, le vuelve a refrescar el piafé, la línea del centro, la parada, el paso.
01/04/2009

Raymond Withages, alto, con hechuras de jinete, “la óptima” como el mismo bien dice, las piernas largas, el tronco fuerte, una espalda efectiva. Decisión, ambición y una inquietud para aprender insuperable, este es el entrenador de origen belga y marido de la juez internacional Mariette Withages.
Todos hemos oído de ella quizás no tantos lo conocemos a él. El refrán popular “tras una gran mujer siempre hay un gran hombre”, no va desencaminado para ellos dos. Tranquilo y satisfecho vive hoy retirado en su casa en Schoten, en las afueras de Amberes. Quizás habrán oído sonar el pueblo de Schoten, donde, se celebraba una de las grandes y simpáticas competiciones internacionales año tras año en tierras de Flandes. Raymond preparó muchos jinetes y amazonas hasta Gran Premio, acudían a él con los caballos más corrientes, pero eso no le importaba, caballo bueno, normal, o flemático, se ponía lo que había. Raymond Withages es de la convicción que todo caballo te dará algo, todo caballo puede ser llevado a realizar una reprise digna. Withages lo dice, lo que muchos piensan y que quizás nadie quiere oír, porque no es muy popular, ni políticamente correcto: hay demasiados caballos extraordinarios con jinetes mediocres encima. El se permite hoy día llamar a las cosas por su nombre. Como se lo dijo un día George Teodorescu en “petit comité”, ningún jinete puede soltar las riendas - ¡ninguno!
Raymond Withages, tiene una mirada fija, decidida, sincera, se emociona cuando habla de lo bueno, de los buenos maestros que tuvo en su vida. El es duro con el error fácil, el desconocimiento, no tiene perdón para quien no aprende. Su propia inquietud fue grande. Cuando aprendía y descubría algo no podía dormir por la noche de la emoción, de los nervios de haber avanzado. Rallando la obsesión, lo comprendemos los que vivimos los caballos de verdad.
Raymond Withages, comenzó a montar en Bélgica, cerca de Amberes su ciudad natal. Los caballos le fascinaban desde muy joven. Caballos unían la libertad y la disciplina en la que se educó en un colegio interno, con una disciplina férrea que sufrió en su momento, años después lo agradeció, le preparó para lo que iba a venír. Para la vida y para los caballos, porque sin disciplina no se consigue nada con los caballos.
Tomar asiento
Cuando Raymond se pudo escapar una vez a la semana para montar en una hípica, de entonces de las mejores en la zona solían salir al campo. Pero un día su primer profesor le vio salir y paró la tanda y llamó a Raymond que se quedara en el picadero. Comenzó a darle clase de cuerda, Raymond no sabía entonces que esto iba a ser el inicio del viaje de su vida con los caballos. Con él aprendió lo que más importa: “tomar asiento” en el caballo. A Withages no le agrada el término “asiento”, le parece confundir. “Tomamos asiento” en los caballos, nos explica, nos sentamos en los ísquiones, nos debemos sentar como en las bicicletas sobre los huesos que forman la entrepierna. Nos sentamos abierto de piernas, sin apretar, en perfecto equilibrio, sin apretar los muslos, ni la rodilla, ni la pantorrilla, sin sujetarnos con las manos en las riendas. El tronco tiene que estar erguido, formando una vertical encima del caballo, no más atrás, ni más hacía delante, pero sobre todo no hacía atrás – como es tan frecuente ver hoy en los cuadrilongos, donde la gente no tiene control sobre su cuerpo. El inicio de su aprendizaje y primera experiencia con los caballos le hizo querer más y decidirse por una vida dedicado a los equidos.
Su profesor le ayudaba, el venía a trabajar y le daba clase, pronto su aprendizaje se fue profundizando, pese a que los demás le criticaban y no entendían lo que hacía porque no salía al campo, él se quedaba en el picadero aprendiendo y trabajando con su profesor. Raymond vio y conoció con él a Freddy Knie. Y un buen día surgió la posibilidad de ir a California para trabajar ahí con los domadores circenses que preparaban los caballos para las películas del Oeste. Uno de los sueños de Raymond durante su infancia habían sido los Cowboys, lo que hacían con sus caballos. Ahí en California le toco aprender de todo, como enseñar a los caballos a sentarse, a echarse, a ponerse de mano. Como manejar el lazo (rope), Raymond puede manejar el lazo al estilo más conseguido de John Wayne, te quitará el cigarrillo de la mano con el lazo. Ahí en California el joven Withages tuvo la oportunidad de empaparse con los mejores del mundo circense y de la doma natural.
Viena
De vuelta a Europa el siguiente destino iba a ser la escuela de Viena. El es uno de los pocos jinetes – entrenadores que pueden decir con orgullo llevar el título del “Zivilreiter” (jinete civil) de la Wiener Hofreitschule (Escuela de Viena). Ni entonces, ni hoy se entraba fácilmente en la escuela, la amistad de su profesor con el mismo Podhadsky ayudó a Withages a acudir a hacer el examen de admisión que duró una semana para entrar en este sacral templo de la equitación clásica como alumno. Su recuerdo de la semana interminable está vivo aún, aquello eran esquinas y esquinas y montar por la esquina una y otra vez. La línea del centro, la parada, el paso a tras, los emblemas del control en el buen sentido sobre el caballo. Y de nuevo se encontró ahí con la disciplina, una disciplina sin perdón. Se cumplía con las tareas, al final uno se bajaba del caballo y se le daba la mano al jinete instructor, agradeciendo la clase que le había dado. Las esquinas, se le hicieron eternas, pero también inolvidables, quienes hoy día saben montar una esquina, preparar su caballo en la esquina, que al fin y al cabo es el cuarto de la vuelta, son la rara excepción. Lo que constata muy a su pesar cuando acompaña alguna vez a Mariette a alguna competición son caballos rígidos faltos de incurvación y soltura. Volviendo a Viena, le aceptaron, Podhadsky le llamó para darle personalmente la buena noticia, que había sido aceptado. Para Withages fue una experiencia inolvidable aquel marco, aquella disciplina, aquel dominio, la perfección. En total un año pudo estar y aprender con ellos, riendas largas, los aires sobre el suelo y montar con precisión los ejercicios. Ellos eran unos de los guardianes de la escuela clásica de doma. Su filosofía se remonta a La Guerniere, todo esta ahí. Withages, estudió los antiguos documentos, su biblioteca es amplia. Los gravados en las paredes también muestran lo que sabían los antiguos maestros. Viena le dejó mella, hasta el día de hoy el matrimonio Withages les une gran amistad con el actual Director técnico (Oberbereiter) Bachinger a quien ha aconsejado en ocasiones. Una particularidad se me quedo grabada, “el caballo elevado, delante de la vertical, nunca los montan abajo, enroscado jamás, les mantienen arriba, en equilibrio” repite Raymond Withages una y otra vez.
Los maestros
A Viena le seguían varias estancias en las casas de los grandes jinetes y entrenadores del siglo pasado, Bubi Günther, Willi Schultheiss, Tempelmann, Teodorescu, Boldt, Franz Kuckuck y General Niemack de la Caballería de Hannover. Todos ellos “clásicos”, les dejaban el tiempo a los caballos y el aprendió con ellos que el tiempo hacía la diferencia. No hay dinero para comprar una preparación apresurada, no hay precio para un caballo bien educado para que un jinete inexperimentado pueda sentir y empaparse de sensaciones correctas. ¿Quíen destacaba para él entre todos ellos?. Raymond se queda en silencio, pensativo un tiempo, Franz Kuckuck, General de la caballería alemana de Hannover influyó más en él. Kuckuck, como todos ellos tenían disciplina militar, sin la cual nada funciona, Withages se sentía más cerca de él. El artisteo no impresionaba a ninguno de los dos. Y Withages se pudo quedar, ellos le querían porque sabía tratar a los caballos. Se quedó en Warendorf, montando los jóvenes sementales durante un tiempo.
El ritmo
Raymond Withages lo poseía y sin ello no funciona nada, la sensibilidad para el ritmo, la clave de la equitación para Raymond. Si no puedes sentir cuando dar la ayuda olvídalo. El lo aprendió en Viena y con su primer profesor, con ojos cerrados a la cuerda le hacían sentir lo que había debajo. Esto es lo esencial que transmite a sus alumnos, uno – dos – tres – es la clave de la equitación. En Viena se lo habían enseñado a él, cuenta hasta tres y sal a galope, sal a trote, pide un cambio. Uno – dos – tres y así sale la pirueta, cuenta y darás con el momento de dar la ayuda. Es imprescindible, no hay que dar la ayuda sin reflexión, sin haber hallado el momento. Si el momento es correcto ningún caballo se opone. Todos obedecen. Si el momento es equivocado comienza el problema.
Sus caballos son fáciles delante en el contacto, sin caer en demasiada “legerité”. El caballo tiene que estar fijado en el cuello desde la cruz. Esto es uno de los puntos clave de la equitación para Withages.
El buen piafé
Hoy día Raymond esta bastante decepcionado con la equitación que se ve muchas veces en las competiciones, porque nadie es capaz de coger la línea central y montar recto hacía delante, con el caballo recto en si. Porque no vemos una parada e inmovilidad, ningún binomio para como es pedido. No vemos los piafés claramente uphill. En la pared de su salón, delante de la chimenea, tras él, cuelga un cuadro grande. Puedo observar el dibujo a carbón de un caballo en un perfecto piafé, claramente hacía arriba, atrás remetidos los posteriores. No sin orgullo explica que el jinete del dibujo es él, y que se hizo del último caballo de competición de su mujer. Withages cuenta que demasiadas veces ve las manos de los caballos en el piafé moviéndose hacía atrás, demasiado debajo de la masa, posteriores y corvejones salen hacia a tras, el dorso del caballo no carga, el movimiento no es correcto. La cruz el punto más alto y la grupa descendida. El piafé siempre debe ser ejecutado en un ligero movimiento hacía delante. Hacia delante se acortan los trancos, poco a poco, nunca comenzando con las riendas, desde delante hacía detrás, sino desde atrás hacía delante.
Misionarios de la Doma Clásica
Withages ha viajado mucho en los últimos años. A Indonesia, a Brazil, a Moscu, a Japón junto con su mujer llevan la filosofía de la Doma Clásica a los lugares más insólitos de este mundo. Viendo la habitación de los trofeos – viendo los pocales suyos y de sus alumnos, la impresión se confirma Raymond es un misionario del sistema clásico. El lo estudió y lo predica por el mundo. La Doma Clásica debería crecer respecto a sus aficionados y practicantes, se querían más participantes, ellos tanto Mariette como él lo tomaron a pie de la letra y se dedicaron desde siempre a ayudar a que los países menos aventajados, por la falta de cultura ecuestre, por la falta de caballos de calidad o por situaciones económicas también pudieran avanzar. Sus seminarios en Moscu, Johannesburgo, Florida, Brazíl dieron frutos, Dr.Cesar Parra, Minako Furuoka, la única juez japonesa en las Olimpiadas pasadas. Donde Withages detalla haber tenido dos alumnas, no sin cierto orgullo, Mariette y Minako entre los jueces.
Sin duda lo que hace la diferencia en Raymond es su capacidad de decisión y su voluntad. El explica que de vez en cuando viene un caballo lusitano a su establo, es de un buen amigo, él lo entrena, le vuelve a refrescar el piafé, la línea del centro, la parada, el paso.

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